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Amor a los libros en la FIL de Minería

ImageOjos abiertos y expresión de sorpresa ponen los aficionados a la lectura al ver tantos títulos reunidos en un mismo lugar, “es mi definición del paraíso” me comentó una  amiga mientras revisamos la oferta editorial. Apenas estamos en el espacio destinado a las publicaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, una de las más de 600 editoriales que ofertan sus publicaciones en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.

No es exageración,  cerca de 40 mil ejemplares abarcan sólo esta pequeña parte del histórico edificio y de acuerdo con el profesor de Planeación y Diseño Editorial de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, Juan Carlos Rangel “La UNAM edita tantas publicaciones que sin dificultad podría llenar sola toda la feria.

Después, Sergio Vargas Ramírez, Jefe de Ferias y Eventos Especiales de la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM le dio una plática a nuestro grupo escolar sobre la labor editorial de la UNAM y la organización de la Feria, la cual de acuerdo a el funcionario universitario, comienza en cuanto termina la feria anterior, debido a la complejidad de reunir a las editoriales, instituciones e invitados especiales.

Vargas Ramírez destacó el papel de la UNAM en el ámbito editorial, es decir, ser una de las importantes editoriales culturales de México, al publicar textos de los cerca de 170 institutos, facultades y escuelas de la Universidad “nuestro negocio no es leer, es difundir la lectura”.

La charla aborda distintos temas, una explicación de la organización del evento, de la oferta editorial universitaria, entre otros temas. Cuando Sergio Vargas termina su charla aparte de los miembros del grupo escolar hay alrededor varios curiosos escuchando de cerca, cuando se dan cuenta que los vemos se mueven discretamente entre las mesas de libros o fingen revisar los libros cercanos.

Salones, pasillos y explanadas están  ocupados por los locales de cada editorial, las cuales van desde las grandes compañías transnacionales con grandes mesas y anaqueles repletos de novedades editoriales y bestsellers, hasta pequeñas editoriales independientes o de universidades.

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El costo de los espacios depende de la ubicación y el tamaño, por ejemplo: el espacio asignado a la editorial Cal y arena ubicado en el patio del palacio tuvo un costo de 40 mil pesos de acuerdo a uno de los empleados de la editorial; el costo por la renta del espacio para el pequeño stand de la Universidad Veracruzana, ubicado en uno de los pasillos de los pisos superiores del recinto,  fue de 14mill pesos de acuerdo a uno de los vendedores, aparte de los costos de envío y gastos del personal.

El llegar a las pláticas y presentaciones a tiempo se volvió indispensable, ya que con sólo llegar unos cuantos minutos tarde uno se quedaba afuera debido a que los eventos habían superado su capacidad máxima. Otra vez los minutos jugaron un papel decisivo y por segundo año consecutivo me quedé afuera de la sala “Manuel Tolsá”, sin haber podido llegar al evento correspondiente.

En los pasillos es posible ver a niños y jóvenes cuya presencia en la feria es evidentemente por obligación escolar, pero los que asisten por gusto y placer son evidente: los que participan abundantemente en las presentaciones y conferencias, también por consultar precios, buscar ciertas ediciones, hacer corajes por los precios o por no encontrar los que buscaban o emocionarse por nuevas ediciones.

Desde las 12 pm fue notorio el incremento de los visitantes a la Feria, personas que saliendo del trabajo o de la escuela se dirigieron al recinto. Al aumento de las personas fue proporcional el de las aglomeraciones en los pasillos y salones de conferencias, empujones en algunos pasillos además dificultades para los clientes y los trabajadores de las editoriales.

En el apartado de Libros UNAM el personal fue sobrepasado y en un momento todos se encontraron rodeados de gente llena de dudas sobre los libros o de clientes buscando pagar sus productos. En la desesperación un señor de aproximadamente 50 años se le acercó a un joven que checaba los precios de sus libros en un lector de código de barras y le pidió ayuda para encontrar sus libros, el joven, apenado le respondió que el podía checarle el precio pero no sabía en donde encontrar específicamente cada título, sin embargo le ayudó contactándolo con uno de los empleados que se acababa de desocupar.

Las bocinas del palacio hicieron sonar el Preludio de Tristán e Isolda, la ópera de Wagner,  pieza musical sirvió ambientar mi difícil decisión entre varios títulos. Los rostros en los pasillos eran similares, muchos nos fuimos con rostro de dolor y amor fallido no poder llevar todos los títulos que quería (más de una decena).

Otra cosa fascinante del lugar es platicar con personas afines a tus gustos, gente para la que la frase “Yo amo leer” no es sólo un slogan publicitario de una gran editorial. En el espacio designado a Alianza Editorial , un hombre de aproximadamente 45 años acompañado de un niño de siete trataba de revisar los precios de los libros que quería, sin embargo el pequeño estaba aburrido y no dejaba de pedir que lo dejara ir a la sección infantil, luego de varias súplicas del niño fue bajo el cuidado de una de las empleadas de la editorial, así que el hombre me contó que era seguidor de los textos de historia de Isaac Asimov además de decir con rostro de complicidad: “Yo vivo para leer, lo hago todo el tiempo, a veces ya ni sé lo que leo”.

 La Feria del Libro del Palacio de Minería es un evento importante, tener a grandes, medianas y pequeñas editoriales, además de reunir a personalidades, editores y nuevos talentos  ofrece a los lectores la posibilidad de encontrar al menos un título que llame su atención, Sergio Vargas nos dijo que esos eran los mejores “Si un libro, sin importar de que sea, captura tu atención, es el mejor, ya que es seguro que si lo terminarás”.

Y si te gustó, felicidades, ya no sentirás que vas a las Ferias del Libro por obligación.

Caer y levantarse

Las calles del DF se enlutecieron con otra víctima del descuido, de la ignorancia y la negligencia. Ilse Mariel Alonso Leal, ciclista de 20 años, murió el miércoles 6 de febrero en el caótico cruce entre Av. Delfín Madrigal, Av. Aztecas y Av. Del IMAN. El responsable fue un chofer de microbús que se pasó el alto y la arrolló.

Su muerte, ocurrida el mismo día que cientos de transportistas se reunían en el Zócalo 

capitalino a exigir un aumento de dos pesos a la tarifa del transporte público “para dar un servicio digno”.

“Le pudo pasar a cualquiera de nosotros”

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El enojo y la indignación de familiares, amigos, ciclistas y peatones por esta situación peligrosa y cotidiana (el saldo final de la semana fue de dos ciclistas muertos en circunstancias similares) supo traducirse en un llamado a honrar la memoria de Ilse y exigir un cambio  para mejorar la convivencia urbana.

La cita, difundida por redes sociales digitales era a las 11 am en mismo lugar en el  que tres días antes Ilse Alonso Leal murió. A las 10:30 ya se encontraban  en el lugar del percance los familiares y amigos de Ilse, además de una decena de ciclistas, que conforme se acercaba la hora de la reunión crecía en número.

El ambiente es solemne. La familia y los amigos de Ilse, en su mayoría visten con prendas blancas, algunos terminan cartulinas y mantas en las que recuerdan a la joven, su forma de ser alegre, su gusto por pasear en bici y algunas fotos de ella, en otras, la exigencia al GDF por sancionar a los responsables y hacer valer las reglas en la capital; también reparten entre los presentes rosas y globos blancos, otros colocan veladoras y flores al pie de uno de los postes de la banqueta.

Muchos de los ciclistas no conocieron a Ilse, sin embargo todos se sienten indignados por el accidente “le pudo pasar a cualquiera de nosotros”, estos empiezan a presentar sus condolencias a la familia de Ilse, a charlar con sus amigos, a conocer un poco más de la compañera caída y a compartir experiencias, consejos, recomendaciones y frases de consuelo.

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Al cabo de unos minutos, la banqueta ya no es suficiente para los asistentes, el grupo poco a poco se va extendiendo por los carriles de la parte de la avenida que se dirige al metro Universidad debido a la llegada de ciclistas que, de manera individual o en pequeños contingentes provenientes de lugares como Coyoacán, Coapa, Tláhuac y Xochimilco. Esperamos al grupo que se reunió en el Monumento a la Revolución.

Conforme se hace más notoria la presencia ciclista somos testigos de una sintomática reacción de los automovilistas: algunos copilotos y pasajeros se asoman con curiosidad, otros al vernos hacen sonar sus bocinas en señal de apoyo, los casos más desafortunados son los de los conductores que al vernos aceleran haciendo física o sonoramente señas obscenas. Finalmente, la avenida es cerrada por completo.

A las 11:25 pudimos ver entre la vegetación que divide ambos sentidos de Delfín Madrigal como llegaba el contingente de ciclistas (también conocido como bicibús”)  que se reunió en el monumento y que acompañaron a la bicicleta de Ilse la cual fue pintada de blanco e instalada en el cruce de avenidas, de acuerdo con fuentes periodísticas fueron cerca de 300 las personas que hicieron este recorrido. Los recibimos con aplausos, timbres de bici y bocinas de auto, el sonido es ensordecedor, pero llenó de una sensación de victoria el ambiente.

Bicicleta fantasma

Las “ghost bike” o “bicicletas blancas” son un concepto artístico iniciado en EU y que desde el 2003 fue utilizado como un homenaje y recordatorio de donde ha ocurrido un incidente grave hacía algún ciclistas en todo el mundo, en su mayoría, tristemente, fueron accidentes fatales.

En la Cuidad de México las bicis blancas empezaron a aparecer en las calles en 2009, la primera fue en honor a Liliana Castillo, atropellada por un automóvil a exceso de velocidad en Av. Universidad;  en la trágica lista  de bicicletas blancas del DF se incluyen fotógrafos, estudiantes, policías en bicicleta …también niños. La de Ilse es la décima de la ciudad…todos los asistentes deseamos que sea la última.

Cuando llegó el bicibús la actividad en la calle se volvió frenética, periodistas de distintos medios entrevistaron a los familiares de la ciclista, a los miembros de las organizaciones y a varios de los asistentes. Mientras, ciclistas, amigos y fotógrafos se congregaron en torno a los ciclistas que pintaban la cadena que ahora sostiene a la bici.

La bicicleta con la que Ilse murió era de color azul, ahora, su nueva pintura blanca cubre los arañazos y daños del impacto, sin embargo el  manubrio está torcido, el soporte de la cadena abollado y la llanta original que muestra uno de los tíos de la joven esta despedazada, detalles que muestran la fuerza del impacto y hacen a uno estremecerse al pensar “si esto le pasó a la bici…”.

El poste del letrero vial en el que ahora reposa la bicicleta de Ilse se convirtió en la tribuna desde la que hablaron los miembros de distintos grupos ciclistas, quienes explicaron brevemente lo que representan la bicis blancas, la multitud clama por que esta sea la última que tenga que ser colocada.

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Jimena Mayerstein, integrante del colectivo Bicitekas, habló de varios puntos que deben cambiarse para mejorar las calidad de vida en la ciudad y evitar los cientos de accidentes viales, como que el reglamento de tránsito se actualice, que se incrementen los filtros para obtener una licencia de manejo, ya que como ella dice “para obtener una licencia de conducir sólo hay que pagar una cuota en el supermercado, yo tengo una licencia permanente desde los 18 años, tengo 24 y no tengo idea de cómo manejar; hay que presionar como ciudadanos para que se exija un examen de manejo para los conductores” y el punto más importante, que las autoridades hagan valer leyes y reglamentos, de nada sirven si no se cumplen.

El padre de Ilse es ayudado a subir al poste, donde habla sobre su hija, su forma de ser y reitera la exigencia a las autoridades para que cumplan con su trabajo, es evidente la tristeza, enojo e indignación en su voz, en su rostro y en su brazo, el cual tiembla mientras sostiene el micrófono del altavoz.

 Minutos después, en entrevista para la prensa revela algo que causa indignación, lamentablemente no tanta sorpresa: una de las personas que atestiguó el accidente de Ilse, le dijo que vio cuando el operador de la ruta 60 sobornaba a los policías de tránsito y de acuerdo con este testimonio, el verdadero culpable fue escoltado fuera de la escena del crimen por lo que actual detenido sería un chivo expiatorio. Esta información no es confirmada, pero de ser cierta, aporta otro elemento al enojo por la negligencia de las autoridades de los presentes, “parece que la policía defiende a todos menos a los ciudadanos” se escucha entre las cientos de voces que salen de pequeños grupos de personas que conversan en la calle.

“Somos el pueblo bicicletero”

Desde mi llegada al lugar me fue posible ver y sentir un gran ambiente de solidaridad y compañerismo entre los ciclistas y los seres queridos de Ilse.

Mientras intentaba cruzar la avenida (experiencia que permitió confirmar que esta intersección es de alto riesgo para todos: peatones, ciclistas, motociclistas y hasta automovilistas) me encontré con dos ciclistas, luego de preguntar si asistían a la colocación de la bicicleta blanca comenzamos a charlar.

Jorge y Kodiak, dos ciclistas de larga experiencia, luego de saber que no llegué en bicicleta por mi poca habilidad, me cuentan un poco de sus recorridos a distintos puntos de la ciudad y del país, de las rodadas grupales que organizan y me invitan a varias. En el sitio de reunión me presentan a otros ciclistas, me cuentan algunas experiencias y me dan sugerencias de cómo realizar trayectos más seguros y donde comprar un equipo más completo para realizar viajes en mi bicicleta.

Éramos tantos y de procedencias tan variadas que entre los asistentes que usaron el micrófono se escuchó: “Mancera prometió escuchar y ayudar al pueblo, bueno, somos el pueblo bicicletero y exigimos que se nos escuche y atienda”.

Y esa parte del pueblo aprovecha que por poco tiempo la avenida les pertenece: dan vueltas, recorren la avenida y regresan o simplemente se acomodan a la sombra del camellón, lugar inalcanzable cuando los vehículos atraviesan la vialidad, para charlar y descansar.

Luego de casi dos horas, de charlar entre ciclistas, dar consuelo a los que sufren la pérdida de Ilse  y hacerse escuchar ante autoridades, automovilistas, transportistas y prensa, los ciclistas poco a poco fueron abordando sus vehículos y rodando en dirección a Delfín Madrigal. A lo largo de esta avenida las  familias, amigos, activistas y nuevos compañeros de rodada fueron reintegrándose a las arterias capitalinas.

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A las 13:16 pm, los autos volvieron a llenar la avenida, los pocos ciclistas que seguían en la zona dejaron la tranquilidad para regresar a la rutina de orillarse a la extrema derecha (como indican el Reglamento de Tránsito y el Manual del Ciclista Urbano), de revisar constantemente sus retrovisores o girar ansiosamente la cabeza para ver la cercanía de los vehículos.

Seguir rodando

El motivo que nos llevó a esa esquina fue una tragedia, pero sirvió como un llamada de atención a las autoridades, como señalaron los familiares de  Ilse “para que otros no sufran el mismo dolor”, además de ser un recordatorio a los ciclistas y peatones sobre la importancia de hacer valer nuestros derechos, pero también de cumplir con las reglas de convivencia urbana como el respeto de semáforos, pasos peatonales, ciclopistas y banquetas, porque lamentablemente la vida urbana es muy hostil y ambos grupos tenemos todas las de perder.

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En la tarde escuché con escepticismo las medidas anunciadas por el Jefe de Gobierno, Miguel Mancera, sobre la negación de fianza al chofer, un curso de ciclismo para microbuseros, además del cambio de nombre y atribuciones de la SETRAVI, que a partir del sábado 9 es la Secretaría de la Movilidad, para también atender a ciclistas y peatones.

Esperamos que esta vez las autoridades si hagan cumplir las leyes , que las bicis blancas ya no crezcan en número y que las que están sean un recordatorio constante de que la negligencia e imprudencia cuestan vidas. Atestiguamos que somos muchos, que nos podemos y debemos hacer oír a su vez confirmamos una regla básica del ciclismo: si te caes debes levantarte, aprender y seguir. A lo largo de la semana cayeron dos ciclistas, pero el sábado 9 de febrero del 2013, cientos nos levantamos, aprendimos y exigimos las condiciones  para seguir rodando por la ciudad.